la kimera de lux

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el sueño del vuelo profundo

jueves, 26 de abril de 2007

El misterio de las catedrales.../Fulcanelli




Esta obra de Fulcanelli es menos conocida que Las moradas filosofales, y sin embargo, quizás sea más importante.
El propio Fulcanelli dice en ella:
Edificadas por los Frimasons medievales para asegurar la transmisión de los símbolos y de la doctrina herméticos, nuestras grandes catedrales ejercieron, desde su aparición, considerables influencias sobre gran número de muestras más modestas de la arquitectura civil...
arquitectura civil a cuyo estudio, como es sabido, se consagra Las moradas filosofales.
En todo caso, El misterio de las catedrales es un compendio exhaustivo de las materias y operaciones de la gran obra de los alquimistas.
Su primer capítulo trata de la materia prima de la obra, a la que muy poco veladamente, cita por su nombre y estudia.
El capítulo II, PARIS, está dedicado a "la cocción", a las operaciones, regímenes o como quiera llamarsele. Empieza por la preparación del disolvente y suministra preciosas indicaciones prácticas sobre las diversas fases. colores y confusiones que pueden originarse, pesos y proporciones, sobre los fuegos, sobre el vaso, las vías, la preparación del mercurio y su conjunción con el azufre.
El capítulo III, AMIENS estudia con cierto detalle el fuego y temperaturas necesarias, el atanor, la primera piedra, vuelve a insistir sobre la materia prima, analiza las condiciones de la generación...
En el capítulo BOURGES se habla del huevo filosófico, se explica el sentido alquímico del símbolo de San Cristóbal, de la fábula del Vellocino de Oro, del símbolo del roble.
Finalmente en el último capítulo LA CRUZ CÍCLICA DE HENDAYA, Fulcanelli habla de ciclos, de las cuatro edades del mundo y del no lejano fin de este ciclo por el fuego.
Las breves CONCLUSIONES con las que acaba el libro son una serie de consejos sobre la actitud y espíritu que debe animar a los discípulos.
EL MISTERIO DE LAS CATEDRALES es un todo único en cuyas páginas, como en un rompecabezas, está dicho todo lo necesario, a falta de que el discípulo lo ensamble. Así lo afirma el propio Fulcanelli:
Este es el gran misterio que hemos rozado a menudo en el curso de este estudio, troceándolo al azar de los emblemas, a fin de que solo el investigador perspicaz pueda conocer sus cualidades e identificar su sustancia.
Acabemos señalando que, pese al lenguaje extremadamente simbólico y metafórico propio del lenguaje hermético, el estudioso se encuentra ante un libro de una gran precisión y muy conncreto. Tal como dice en él el propio Fulcanelli:
La ciencia que estudiamos es tan positiva, tan real y tan exacta como la óptica, la geometría o la mecánica, y sus resultados, tan tangibles como los de la química. Si el entusiasmo y la fe íntima le sirven de estimulantes y de valiosos auxiliares; si intervienen, por una parte, en la dirección y en la orientación de nuestras investigaciones, debemos, sin embargo, evitar sus desviaciones, subordinarlos a la lógica, al razonamiento, y someterlos al criterio de la experiencia. Recordemos que solo los trucos de los falsos y codiciosos alquimistas, las prácticas insensatas de los charlatanes, y la inepcia de escritores ignaros y sin escrúpulos, han arrojado el descrédito sobre la verdad hermética
Miguel Angel Muñoz Moya.
Prólogo a la primera edición
EL MISTERIO DE LAS CATEDRALES I II III IV V VI VII VIII IX
PARÍS I II III IV V IV VII VIII
AMIENS
BOURGES I II
LA CRUZ CÍCLICA DE HENDAYA
CONCLUSIÓN



PRÓLOGO DE LA PRIMERA EDICIÓN
Es tarea ingrata e incómoda, para un discípulo, la presentación de una obra escrita por su propio Maestro. Por ello, no me propongo analizar aquí El misterio de las catedrales, ni subrayar su belleza y su profunda enseñanza. A este respecto, confieso, muy humildemente, mi incapacidad, y prefiero dejar a los lectores el cuidado de apreciarlo en lo que vale, y a los Hermanos de Heliópolis el gozo de recoger esta síntesis, tan magistralmente expuesta por uno de los suyos. El tiempo y la verdad harán todo lo demás.
Hace ya tiempo que el autor de este libro no está entre nosotros. Se extinguió el hombre. Soló persiste su recuerdo. Y yo experimento una especie de dolor al evocar la imagen del Maestro laborioso y sabio al que tanto debo, mientras deploro, ¡ay!, que desapareciera tan pronto. Sus numerosos amigos, hermanos desconocidos que esperaban de él la solución del misterio Verbum dimissum, le llorarán conmigo.
¿Podía él, llegado a la cima del Conocimiento, negarse a obedecer las órdenes del Destino? Nadie es profeta en su tierra. Este viejo adagio nos da, tal vez, la razón oculta del trastorno que produce la chispa de la Revelación en la vida solitaria y estudiosa del filósofo. Bajo los efectos de esta llama divina, el hombre viejo se consume por entero. Nombre, familia, patria, todas las ilusiones, todos los errores, todas las vanidades, se deshacen en polvo. Y, como el Fénix de los poetas, una personalidad nueva renace de las cenizas. Así lo dice, al menos, la Tradicíon filosófica.
Mi maestro lo sabía. Desapareció al sonar la hora fatídica, cuando se produjo la Señal. ¿Y quién se atrevería a sustraerse a la Ley? Yo mismo, a pesar del desgarro de una separación dolorrosa, pero inevitable, actuaría de la misma manera, si me ocurriese hoy el feliz suceso que obligó al Adepto a renunciar a los homenajes del mundo.
Fulcanelli ya no existe. Sin embargo, y éste es nuestro consuelo, su pensamiento permanece, ardiente y vivo, encerrado para siempre en estas páginas como en un sanitario.
Gracias a él, la catedral gótica nos revela su secreto. Y así nos enteramos, con sorpresa y emoción, de cómo fue tallada por nuestros antepasados la primera piedra de sus cimientos, resplandeciente gema, más preciosa que el mismo oro, sobre la cual edificó Jesus su Iglesia. Toda la verdad, toda la filosofía, toda la Religión, descansaban sobre esta Piedra única y sagrada. Muchos, henchidos de presunción, se creen capaces de modelarla; y, sin embargo, ¡cuán raros son los elegidos cuya sencillez, cuya sabiduría, cuya habilidad, les permiten lograrlo!
Pero esto importa poco. Nos basta con saber que las maravillas de nuestra Edad Media contienen la misma verdad positiva, el mismo fondo científico, que las pirámides de Egipto, los templos de Grecia, las catacumbas romanas, las basílicas bizantinas.
Tal es el alcance general del libro de Fulcanelli.
Los hermetistas -o al menos los que son dignos de nombre- descubrirán otra cosa en él. Dicen que del contraste de las ideas nace la luz; ellos descubrirán que aquí, merced a la confrontacíon del Libro con el Edificio, despréndese el Espíritu y muere la Letra. Fulcanelli hizo, para ellos, el primer esfuerzo; a los hermetistas corresponde hacer el último. El camino que falta por recorrer es breve. Pero hace falta conocerlo bien y no caminar sin saber adónde uno va.
¿Queréis que os diga algo más?
Sé , no por haberlo descubierto yo mismo, sino porque el autor me lo afirmó, hace más de diez años , que la llave del arcano mayor consiste sencillamente en un color, manifestado al artesano desde el primer trabajo. Ningún filósofo, que yo sepa, dscubrió la importancia de este punto esencial. Al revelarlo yo, cumplo la última voluntad de Fulcanelli y sigo el dictado de mi conciencia.
E.CANSELIET
F.C.H.
Octubre 1925.

Fulcanelli es el seudónimo del mayor alquimista contemporáneo, y uno de de los grandes maestros de todos los tiempos.
Sobre él circulan infinidad de rumores, pero no se sabe nada cierto.
La revista LA TOUR DE SAINT JACQUES consagró un número especial al misterio de su identidad, existiendo diversas hipótesis.
La única persona que lo conoció fue Eugene Canseliet a quien Fulcanelli remitió sus manuscritos para su publicación en 1925, pero jamás ha revelado su identidad. Canseliet dice en el Prólogo a la primera edición francesa de EL MISTERIO DE LAS CATEDRALES:
Hace ya tiempo que el autor de este libro no está entre nosotros. Se extinguió el hombre. Soló persiste su recuerdo ... Sus numerosos amigos, hermanos desconocidos que esperaban de él la solución del misterio Verbum dimissum, le llorarán conmigo ... Desapareció al sonar la hora fatídica, cuando se produjo la Señal ... Fulcanelli ya no existe. Sin embargo, y éste es nuestro consuelo, su pensamiento permanece, ardiente y vivo, encerrado para siempre en estas páginas como en un sanitario
Posteriormente, con inciertas alusiones a la existencia en otros planos y a aspectos secretos de la alquimia, tales afirmaciones han sido matizadas y algunos afirman que Fulcanelli siguió existiendo. Según se cuenta, el premio Nobel de física Jacques Bergier, fue visitado en 1937 por Fulcanelli quien le reveló algunos secretos referentes a la fisión nuclear (Véase El retorno de los Brujos, Louis Pauwels y Jacques Bergier, Plaza i Janés 1971, Cap. La alquimia como ejemplo, III). Los rumores han seguido proliferando y, al parecer, Fulcanelli ha seguido siendo visto en los más diversos lugares, el último de lo cuales, la ciudad española de Sevilla.
Fulcanelli fue el autor de dos obras cumbres de alquimia: una EL MISTERIO DE LAS CATEDRALES Y LA INTERPRETACIÓN ESOTÉRICA DE LOS SÍMBOLOS HERMÉTICOS, y la otra LAS MORADAS FILOSOFALES Y EL SIMBOLISMO HERMÉTICO EN SUS RELACIONES CON EL ARTE SAGRADO Y EL ESOTERISMO DE LA GRAN OBRA.
Los originales de ambas fueron escritos en francés y publicados por Omnium Literaire de París en 1925 y 1929. I II III IV V VI VII VIII IX
PARÍS I II III IV V IV VII VIII
AMIENS
BOURGES I II
LA CRUZ CÍCLICA DE HENDAYA
CONCLUSIÓN